Dolmen de Montelirio

Castilleja de Guzmán

Dolmen de Montelirio
Cuentas encontradas junto a los enterramientos
Vista aérea del Dolmen

El Dolmen de Montelirio es uno de los monumentos megalíticos más importantes del yacimiento prehistórico de Castilleja de Guzmán - Valencina de la Concepción. Detectado por primera vez en 1.998, su excavación con metodología arqueológica se comenzó en el año 2.007. Cronológicamente, pertenece al Periodo Calcolítico o Edad del Cobre, datándose provisionalmente entre el 2.500 y el 2.200 a.C.

El Dolmen consta de un corredor de 39 m. de longitud con una anchura interior variable entre 0,80 y 1,00 m, y dos cámaras funerarias de 4,75 y 2,70 m. de diámetro. Las paredes del corredor y de las cámaras se ejecutaron con lajas de pizarra dispuestas verticalmente, con una altura máxima libre de 1,40 m, sobre las cuales se sitúa la cubierta formada por grandes ortostatos de piedra arenisca. El suelo es de tierra compactada, sin pavimentación. En el pasillo de unión entre ambas cámaras aparecen unas estructuras de adobe que cortan el paso entre ellas, y que se ejecutaron con posterioridad a la construcción del dolmen.

En el interior de la cámara principal se localizaron 14 enterramientos, casi todos ellos de sexo femenino, con ajuar compuesto por numerosas cuentas de collar de hueso y nácar, y algunas de ámbar, junto con puntas de flecha y otros elementos de piedra o marfil. También se recuperaron varios platos de cerámica y una gran vasija. Por otra parte, la cara interior de las lajas de pizarra que forman las paredes se encuentra pintada con una pigmentación ocre, con indicios de posibles dibujos en algunos tramos, pigmentación que aparece también sobre los restos óseos y la cerámica de la cámara principal.

El túmulo que cubre el dolmen, ejecutado con la propia tierra de la zanja abierta para su construcción, con un diámetro de casi 70 m, sobresale varios metros sobre el terreno circundante, constituyéndose en un hito visual dentro del área de necrópolis del yacimiento calcolítico. El eje del corredor está orientado en dirección oeste-este, de manera que la entrada del mismo coincide casi exactamente con el equinoccio de primavera, lo que podría ser un indicio de rituales y creencias que asociaban el mundo funerario representado por el dolmen con las observaciones astronómicas de sus constructores.